A pesar de su aislamiento, los habitantes de Chile durante
el siglo XIX se sintieron afectados por sucesos en el mundo:
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La independencia de los Estados Unidos
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La revolución francesa
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La independencia de otras colonias españolas (ejemplo, México,
1810)
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La invasión inglesa de la región de la Plata (Argentina,
Uruguay)
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La invasión de Napoleón en España (1808)
Este último hecho interrumpió el contacto de las colonias
con la metrópoli, el flujo de capital y la protección militar,
obligando a las colonias a la autodeterminación. Sin necesidad de
violencia, los criollos formaron un cabildo abierto en Santiago el 18 de
septiembre de 1810 que aceptó la renuncia del gobernador español
y eligió una junta de líderes locales.
Como consecuencia, se relajaron las restricciones comerciales, se
dieron los primeros pasos hacia la abolición de la esclavitud, se
estableció un periódico patriota y se promovió la
educación.
Pero no todo era paz y concierto: entre los criollos había
desacuerdos sobre la magnitud de la autonomía. Además, España
luchó por recuperar el poder perdido. En la batalla
de Rancagua, en 1814, España reestableció su poder militar
y terminó con lo que se llama la patria vieja.
Los líderes criollos, incluyendo a Bernardo O'Higgins, emigraron
a la Argentina, donde encontraron el apoyo del general José de San
Martín. Este planeaba liberar el cono sur, comenzando por Chile,
para luego atacar el Perú.
Mientras, los que permanecieron en Chile sufrieron la represión
de los gobernantes españoles, convenciéndose de la necesidad
de la independencia absoluta. Así en 1817, el disciplinado ejército
de San Martín logró la victoria
de Chacabuco, abriendo el camino hacia Santiago. O'Higgins fue proclamado
director supremo de Chile, y la independencia fue celebrada el 12 de febrero
de 1818.